…algo más que un buen café

Ernest Descals. Bodegón
Bodegón. Ernest Descals

El sábado solía ser mi día favorito, no importa si lloviendo o con un sol que raja las piedras. Era ese día en el que después de una cansada semana te ponías las pilas, terminabas las cosas de la casa y a disfrutar del fin de semana, a acostarte bien tarde porque el aburrido domingo te dejaría recuperarte.

 

Mayo, en compañía, me parecía romántico y hasta lo imaginaba con un poquito de frío para disfrutar más el calor ajeno. Pero hoy, no sé por qué, es sábado y mayo se hace presente, después de los normales 32 grados estos 27 se sienten fresquitos pero no me animan.

Por costumbre ingenua me levanto como quince días atrás, hace solo dos semanas y parecen más tiempo. Me hago la estúpida idea de que el no tener que hacer nada en la casa me permitirá disfrutar más de este sexto día que será el primero de 48 interminables horas.

El vicio me llevan directamente a la cocina, monto la cafetera y el olor de ese polvo marrón me despierta. Por desgracia lo hace, no como otras veces que me revive, me pega ahora un sacudón de perros y la añoranza de esos pocos minutos de café a tu lado me roban las ganas.

Hoy mi café no tendrá esa espuma para seducirte, no le sale el aroma nervioso de las ganas y se siente amargo de vacíos. Prendo un cigarro, quizás por costumbre o por maldita adicción, tal vez por quemar los segundos que me separan de ti, por apagar con él un poco de nostalgia.

Me repongo, mejor dicho trato de hacerlo, pienso en ese chateo diario que me ilusiona como la vida, en esos ojos hermosos que me seducen y automáticamente la cursilería hace de las suyas. Coloco mi taza junto a la cafetera para que no se vea la soledad y adorno el ambiente con una frase para mandarte una foto a modo de brindis, para compartir este ciber-romance o, por pura debilidad, para compartir la carga de la espera.

Tomo la foto con la ilusión del adolescente que no piensa las cosas, para mandártela. Malditos treinta y tás, solo llegan para joderme el momento, me hacen consciente o inseguro, me ponen a dudar si es conveniente o no. Advierten que un móvil no es tan personal como la máquina del trabajo, que un correo o un SMS no resguardan tanto como un chat.

Guardo las ganas entonces para el lunes o el martes, le doy un sorbo al café con la mueca de la resignación. Pero eres increíble, solo tú puedes lograrlo, desde la distancia le devuelves el aroma al momento, el dulzor a las ganas y hasta la lluvia se calma rayando las 12:30. Tu mensaje me hace sonreír, porque de alguna manera siento que me estabas pensando tanto como yo, porque me abre la puerta que mi conciencia trataba de cerrar.

Y es que qué puedo decir, has salvado mi día favorito, le has incrementado otros cinco que ahora se tornan maravillosos. Me devuelves las ganas de un mayo lluvioso y fresco con más ilusión, con nuevos deseos, ahora llenos de ganas de ti y de mí. Compartiendo la espumosa pasión, el tibio confort de un interminable abrazo y saboreando esos estimulantes minutos que, solo en mi cabeza, dejan el placer de compartir contigo algo más que un buen café.

 

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