Con diccionario propio

abrazado a tus letras
Tomado del sitio “abrazado a tus letras”

Que difícil, llevo media hora mirando la página en blanco y no por falta de palabras sino por exceso de estas, no encuentro cómo escribir o mejor dicho describir. Complicado porque ahora trato de colocarlas de una forma que no te espanten, que no te hagan sentir extraña. Duro porque simplemente dudo y me reprocho el haberte dejado sin aliento, sin saber si mirarme o no.

Temo sobre todo eso, el dejarte sin espacio para respirar, el que sientas que te asfixio. El seguirme equivocando y alejarte de mí si escuchas un te quiero, pero no encuentro otra manera de dibujarlo, soy incapaz de lograr transformarlo en algo menos directo, pero al menos puedo explicarlo mejor.

Argumentar se me da bien, aunque esta vez no busco reafirmar lo que tal vez te asusta. Realmente intento diluirlo en otro sin fin de palabras que te hagan, sino olvidarlo, al menos sentirlo menos tajante e invasivo. Sinceramente el temeroso soy yo, ahora que me culpo por moverte, por apenarte, ahora que sé que debo tornar en indirectas las directas para no hacer dudar a tu timidez.

Ni que decir de atreverme, ante tu buen respeto, a mencionar te deseo. Capaz que con solo esas cinco letras te alejen a siglos de este ahora que lucha por seguir aquí y llegar a mañana. Para qué tratar de conjugar te invito con pasión, menos todavía con placer, seguro sería demasiado fuerte. Así que aquí el Arjona que tanto nos gusta no te podrá cantar “… te invito a estrenar el sol mañana”.

Por eso te diré te admiro, en lugar de te sueño o “Solo se me ocurre pensarte”; cambiaré el me tienes loco por el que linda estás hoy; y el que lindo maquillaje lo murmuraré para ocultar el disparate que se me pueda escapar al verte tan sexi. Los buenos días me ayudarán a disimular un te extraño cursi y provocador.

Un qué tal sustituirá al te quiero, mientras la celebración de tu pelo, sin importar cómo lo lleves, esconderán el deseo de tocarte. El beso de mejillas al encuentro tratará de hacerse un lugar en la despedida, para repetirte cada día qué tal, para desearte cada tarde un sueña con los angelitos que disimule un sueña conmigo.

Mi sonrisa enmascarará el intento de plagio a la Ilíada, para cubrir un “… Eres mi mundo” y cuando se dé la ocasión te hablaré de Buena Fe solo para reconocer que me encanta “Con hijo incluido”. Trataré de preguntarte por el CD Quinto piso para dejar al aire la pregunta que encierra “Vuelo” o del disco “Quién dijo ayer” para recordar “Historia del Taxi”.

Que insistente esta idea, la aparto porque es muy fuerte pero sigue ahí, insistiendo. Sé que no debo decirla y la esquivo, ella vuelve y de todas formas me ruega que, al menos camuflada, la deje salir de vez en vez con un “qué bien te queda esa ropa”. Cuando lo que esconde es que ganas de quitarte esa ropa.

Porfa, disculpa lo anterior no quise que sonara así. La culpa es de ese Ricardo que ahora mismo lo tengo en la oreja cantando “… desnuda que no hay un ingenuo que vista una flor, sería como taparle la hermosura”. Creo que ya pensarte y escribir es peligroso, así que  mejor intentarlo sin música, no vaya a ser que comience con “Dime que no…”.

Creo que esta será la mejor forma por ahora, mientras te acostumbres, de decirte lo que siento y evitar que te sientas culpable de un mal que no existe más allá de la timidez, más allá del excesivo respeto que nos imponen los prejuicios. Realmente espero que no te aburras pero que te resulte tan natural como respirar, que llegado el momento quieras o mejor aún, desees escucharlo sin tanto trabalenguas.

Pero bueno, en lo que llega ese momento, ojalá no te dé por traducir lo que realmente pienso cuando te bese en la mejilla cada mañana y con una sonrisa te diga:

Buenos días, qué tal. No sabes cuánto te admiré ayer, que maquillaje tan lindo, es que qué linda estas hoy y siempre. Que toque ese peinado y que bien te queda esa ropa.

Y mientras rezo porque no descifres del todo el parrafito anterior, trataré de verte en la tarde algún que otro día, para despedirme con un sueña con los angelitos.

Creo que así será mejor, aunque no llegues a enterarte de todo si no quieres, aunque se me complique explicarlo todo porque quiero. Trataré entonces a lo Buena Fe y Alain Daniel con “La carta”, más por salvarme yo que por impresionarte a ti, de inventarnos un diccionario propio.

Qué tal, jajaja!

Mayo, 2018.

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